martes, 16 de septiembre de 2025

Apuntes sobre la crítica de cine en Ecuador (desde el punto de vista de un cineasta)

Debo mencionar que soy un crítico de cine frustrado.

Que de no haber sido cineasta o en este momento docente de cine, me hubiera gustado dedicarme a la crítica cinematográfica. Un oficio del siglo XX, como de alguna manera lo bautizó Cabrera Infante.

De hecho, uno de mis primeros trabajos fue ocuparme de la página de cine y televisión en el desaparecido Diario Hoy, a finales de los noventa.

Desgraciadamente, en esa época tenía pocas herramientas como para hacer crítica de cine (se necesita una vasta cultura cinematográfica, ciertos conocimientos técnicos y sobre todo, un punto de vista)  por lo que la mayoría de veces me limitaba a reseñar películas.

Más recientemente, en 2022, estuve escribiendo sobre cine en el también desaparecido Diario El Comercio, y me gusta pensar que me acerqué más a la crítica cinematográfica. 

La anécdota de cómo llegué a eso es interesante. Un día recibí una llamada del editor de cultura de El Comercio, pidiéndome un artículo sobre la muerte de Godard desde el punto de vista de un cineasta.

Me advirtió desde el inicio que no había plata, pero como cada vez creo menos en el trabajo gratuito, le propuse una especie de trueque: escribiría el artículo sobre Godard (quien curiosamente fue crítico antes de ser cineasta) pero a cambio, él me dejaría publicar una crítica de cine cada dos sábados e intentaría conseguirme una suscripción de fin de semana. No sé si fue un buen negocio o una especie de chantaje.

Demás está decir que la suscripción nunca llegó. El periódico entró en una profunda crisis de la que ya nunca salió, y llegué a escribir varias críticas, sobre todo de estrenos ecuatorianos, hasta que el periódico finalmente cerró.

Una de las primeras críticas, sobre la película “El rezador” de Tito Jara, fue algo dura porque planteaba que el final de la película, bastante rocambolesco, echaba a perder la cuidadosa construcción dramática de la misma (aunque rescataba aspectos como la actuación de Andrés Crespo, a quien por primera vez vi haciendo un papel distinto a sí mismo).

Curiosamente fue Andrés Crespo, en una discusión en redes, quien puso el grito en el cielo porque un realizador de cine se atrevía a escribir crítica de cine, y me preguntaba si esto no me producía “un conflicto moral”. 

Lo cual me dejó pensando…

¿Por qué un cineasta no podía hacer crítica de cine? 

(Cuando en otro lugares había sido la norma que los cineastas se fogueen en la crítica antes de hacer cine.)

¿Por qué tienen que ser papeles diferenciados y antagonistas? 

(Conocida es también la figura del crítico como alguien que envidia al artista porque no puede crear, reproducida incluso en películas recientes como “Birdman” de Iñarritu.)

En definitiva, ¿Por qué la crítica de cine es tan incómoda en el Ecuador? 

Seguramente porque no estamos acostumbrados a ella.

Recuerdo la anécdota, que ya no sé si es real o inventada, de un conocido cineasta quiteño cuyo nombre prefiero omitir porque es amigo, que quiso “pegar” al periodista Juan Carlos Moya, cuando éste escribió mal sobre su primera película a inicios de los años 2000.

También recuerdo al periodista guayaquileño Eduardo Varas anunciando que iba a dejar de escribir sobre películas ecuatorianas ya que le traía problemas con los directores y productores, que además de ofendidos, le reclamaban que por su culpa la gente no iba a ver las películas.

Esto también me hace pensar en mi propia experiencia como cineasta.

Lo habitual cuando se realiza un estreno es enviar un enlace de la película a los periodistas. Y que estos no vean la película que uno les manda, y prefieran escribir sus notas a partir de una entrevista con el realizador, dejando muchas veces a la película “fuera de campo”.

Otro fenómeno interesante es que cuando sale una película ecuatoriana aparecen los “críticos de ocasión”, gente que normalmente no escribe sobre cine pero no puede aguantarse las ganas de despotricar contra la más reciente producción ecuatoriana, sobre todo en blogs y columnas editoriales.

Aunque se han escrito buenas críticas desde ese lado (que planeo recopilar para una antología que ojalá se publique con la Editorial de la UArtes), pienso que lo que más ha faltado en nuestro medio es gente que escriba sistemáticamente sobre cine.

En este sentido, creo que la experiencia más sistemática ha sido la del cura español radicado en Cuenca, Alfonso Martinez, quien entre 1973 y 1999 sostuvo una columna semanal de crítica de cine bajo el seudónimo de Kino Pravda en El Mercurio, comentando las películas que llegaban a la cartelera comercial (trabajo recogido en el libro “Kino Pravda y la cartelera de la ciudad”, publicado por el crítico cuencano Galo Alfredo Torres).

Curiosamente, otro cura, el quiteño Andrés Cárdenas Matute, constituye uno de los más recientes intentos de hacer una crítica de cine sostenida y consistente con los principales estrenos internacionales y series, en su blog de micro crítica “Persistencia retiniana”.

¿Será que para ser crítico de cine en Ecuador se necesita ser cura?

(En otra ocasión contaré sobre la vez que recibí una dosis de mi propio veneno, cuando cometí el error de invitar a una académica, conocida por su honestidad brutal, al estreno de una de mis películas.)


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